
El domingo a las cinco de la tarde todo iba bien. Has comido tranquilo, has dado un paseo o has estado en el sofá sin hacer nada. Y de pronto aparece un nudo en el estómago, la cabeza empieza a repasar lo que te espera el lunes y el día se te estropea unas horas antes de tiempo.
Si te suena, no eres el único. Es muy común. A veces se le llama «domingitis», y en psicología encaja en lo que se conoce como ansiedad anticipatoria.
Qué está pasando en realidad
Lo que te agobia casi nunca es el domingo. Es lo que viene después. La cabeza se adelanta: imagina el correo lleno, la reunión incómoda, la mañana del colegio con prisas. Y el cuerpo reacciona como si eso ya estuviera ocurriendo, con tensión, respiración corta, mal humor o ganas de no hablar con nadie.
No es una enfermedad ni una señal de que algo vaya mal contigo. Es tu cerebro intentando prepararte para algo que percibe como una amenaza, aunque la amenaza sea una lista de tareas.
Cosas que suelen empeorarlo
- Dejar para el domingo por la noche lo que más pereza da: la maleta, la plancha, los correos pendientes.
- Mirar el móvil del trabajo «solo un momento».
- Pasar la tarde sin ningún plan, de modo que el tiempo libre se llena de pensamientos.
- Acostarse a horas muy distintas el fin de semana y llegar al lunes con el sueño descolocado.
Qué puedes probar
Deja el lunes medio preparado. Antes de salir el viernes, apunta qué es lo primero que vas a hacer el lunes por la mañana. Parece una tontería, pero te quita de encima la sensación de que todo está en el aire.
Dale a la preocupación su sitio. Si te das cuenta de que estás dándole vueltas, coge papel y bolígrafo y dedica diez o quince minutos a escribir lo que te inquieta. Al lado de cada cosa, anota un primer paso pequeño, o «esto no depende de mí». Cuando acabes, cierras la libreta y sigues con tu tarde.
Haz algo con el cuerpo. Un paseo, cocinar algo con calma, una sesión de deporte suave. Cuesta más rumiar mientras las manos y las piernas están ocupadas.
Ponle un plan pequeño que te guste. Una cena con alguien, una película, una visita a tus padres. Si el domingo por la tarde tiene algo agradable, deja de ser una sala de espera.
Cuida la noche. Acuéstate más o menos a tu hora de siempre y deja el móvil del trabajo fuera del dormitorio.
Cuándo conviene hablarlo con un profesional
Un domingo malo de vez en cuando entra dentro de lo normal. Merece la pena pedir ayuda si el malestar empieza ya el sábado, si se repite casi todas las semanas, si te cuesta dormir, si notas síntomas físicos fuertes (taquicardia, opresión en el pecho, náuseas) o si te das cuenta de que el verdadero problema es que tu trabajo o tu situación actual te hacen daño.
A veces el domingo no es el problema, solo es el día en que se nota. En terapia se trabaja tanto la ansiedad en sí como lo que hay detrás: la autoexigencia, el trabajo que no encaja, la dificultad para desconectar. Puedes ver cómo trabajamos en nuestra página de terapia para la ansiedad o en la de estrés.